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Ponencia de Adolfo Pérez Esquivel en el encuentro internacional “Perspectivas para un mundo libre de armas nucleares” organizado por el Vaticano

En el marco del encuentro internacional sobre desarme titulada “Perspectivas para un mundo libre de armas nucleares y para un desarme integral” que organizó el Vaticano el 10 y 11 de noviembre de 2017, que reunió a 11 Premios Nobel de la Paz, el Premio Nobel argentino, Adolfo Pérez Esquivel, expuso ante la audiencia su mirada sobre la temática desde una perspectiva latinoamericana. Aquí el resumen de su discurso:

Por el desarme de la injusticia

Estamos frente a grandes desafíos en el siglo XXI. El fin de la guerra fría parecía ofrecer la posibilidad de una significativa reducción de los gastos de defensa, que podían eventualmente ser usados para la reestructuración de un orden internacional más equitativo entre los países del Norte, capitalista desarrollado y los países del Sur subdesarrollo y dependiente.

Una visión idílica e ingenua del proceso de globalización auguraba que los procesos de integración de bloques regionales tendían a desactivar viejas amenazas e hipótesis de conflictos, hecho que favorecía la reducción de los gastos en defensa y en particular de los destinados a la producción de armamentos.

El nuevo orden internacional, o mejor dicho el orden de injusticias institucionalizado, ha generado un contexto de mayor incertidumbre y de menor capacidad de regular conflictos nacionales y regionales que pueden detonar y en muchos casos derivaron en intervenciones militares lideradas por las grandes potencias.

Las intervenciones militares contra Irak permiten evaluar las injerencias de las grandes potencias en la destrucción de un país. He estado en Irak después de la operación Tormenta del Desierto y he visto en refugios antiaéreos las imágenes de población civil que fueron desintegradas por misiles y sus sombras quedaron impresas en las paredes.
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Hiroshima y Nagasaky. A 71 años de la Bomba contra la humanidad.

 

Hiroshima es la memoria trágica de ese 6 de agosto de 1945, a las 8.15 hs. El mundo fue sacudido por la violencia de la inauguración de la éra nuclear, cambiando el pensamiento y la vida de la humanidad. Henry Truman, ordenó arrojar la bomba atómica sobre Hiroshima y tres días después sobre Nagasaki, dejando devastación y muerte, con consecuencias dolorosas que perduran en el presente.

Hoy se cumplen 71 años del horror y aún hay quienes buscan justificar lo injustificable de la razón armada.

El horror desatado sobre Hiroshima y Nagasaky se extendió en el mundo, dejando abiertas las heridas en la memoria de los pueblos. La humanidad no puede olvidar los genocidios, holocaustos y las guerras. Debemos ser testigos de la memoria de los pueblos y saber que lo que sembramos recogemos.

En mis viajes a Japón, muchos pensamientos y sentimientos vuelven a mi mente y corazón. Hiroshima es uno de esos lugares en el mundo a los que necesito volver para tratar de comunicarme espiritualmente con aquellos seres que no están físicamente, pero permanecen en la memoria de la vida y renacen en los cerezos en flor, en tiempos sin tiempo, en caminos que sienten la impermanencia, en que todo pasa, en lo fugaz de la vida y la muerte, en todo el universo, desde cada lugar; como en los arrabales de la conciencia bordeando el espíritu, donde la primera víctima de toda guerra es la Verdad que los poderosos han sacrificado, y tratan de ocultar.

Las nuevas generaciones buscan descubrir lo ocurrido en las miradas, en los túmulos que guardan los cuerpos, y en las huellas dejadas en los caminos de vidas y esperanzas truncadas del pueblo japonés.

El tiempo transcurre en la inmovilidad del Ser, estamos frente al misterio insondable de Dios y el Universo.

La vida ha dejado marcas imborrables, los ancestros legaron la memoria y el dolor, y a la vez dejaron paso a la esperanza. A la resistencia que lleva a cambios profundos en la vida, preservando la memoria, su identidad. El cordón de plata que une el pasado y el presente.

Hiroshima se entrelaza en el ayer y el hoy. Pareciera que nunca fue el escenario de la tragedia que vivió y que duele en la conciencia y vida del pueblo japonés y surgen preguntas sin respuestas. ¿Cabe preguntarse si al mundo le importa las lágrimas de los oprimidos?

Al llegar al lugar se sienten el silencio interior en la brisa del aire, a la orilla del río Motoyasu. Río que abrazó en el dolor y el horror a miles de seres humanos muertos y los llevó al mar -dónde no se dejan huellas y donde el “Uno respira sin ningún soplo”-.

Desde dónde miren, está desafiante en su permanencia la cúpula descarnada y las voces de generaciones que partieron, sin irse y permanecen en el destino de Hiroshima.

No puedo olvidar el encuentro con el pequeño grupo de mujeres sobrevivientes de Hiroshima, los años han pasado y sus cuerpos quedaron marcados por el dolor. Con sencillez y dignidad decidieron transmitir la memoria que comparten con los peregrino y las nuevas generaciones, explican lo vivido en su niñez cuando el infierno de la bomba estalla y todo desaparece dejando sólo dolor y muerte y la desesperación de buscar a sus padres, a sus hermanos y amigos.

El tiempo transcurre en la inmovilidad del Ser con las mujeres niñas- ancianas, que nunca dejaron de permanecer y llevarnos al recorrido de cada túmulo, a sentir y ver la estructura de la cúpula de acero descarnada, epicentro de la bomba que estalla a 600 metros de altura y permanece como testimonio de la locura de toda guerra.

En el camino las mujeres dejan en cada túmulo un vaso con agua, en memoria de aquellos que continúan sedientos del impacto de la bomba y sienten la ausencia de los tiempos y la necesidad que la humanidad escuche el clamor del pueblo.

Son muchos los interrogantes y las preguntas sin respuesta.

¿Cómo fue posible tanta crueldad desatada sobre la ciudad de Hiroshima, la muerte de mujeres y niños no combatientes? ¿Cómo puede ser que el día 9 de agosto, arrojaron la segunda bomba sobre la ciudad de Nagasaki?

En el vuelo del Enola Gay, un Boeing B-29, resuenan las palabras del piloto al ver las consecuencias del impacto de la bomba dice: “¿Dios mío, qué hemos hecho?”.

En el museo de Hiroshima, que nace como un santuario, me encontré en el camino con “La Sombra en la Piedra”. Testigo de la masacre de la bomba, cuando un ser humano se desintegra y queda su sombra grabada en la piedra como un negativo fotográfico. Sombra que permanece y observa en el tiempo el camino recorrido de jóvenes, delegaciones del mundo que llegan para saber, conocer, sentir, rendir homenaje en aquellos que ya no están, recordar para que nunca más vuelva a ocurrir.

“La Sombra en la piedra” es conciencia de la humanidad. Puede sentir y ver florecer los cerezos, puede ver a los jóvenes que abren su esperanza en la vida.

Puede sentir a aquellos que han sobrevivido y recorren los mismos caminos de entonces y reencontrarse con las voces del silencio de sus seres queridos, en el río que fluye llevando su dolor y muerte y recordando que una gota de agua, es todo el río que guarda la memoria del tiempo, sin tiempo. Hiroshima es río de vida que nace de la muerte en la impermanencia del devenir de la humanidad.

He escrito varios relatos y conversaciones con las sobrevivientes que aún buscan encontrar respuesta: ¿por qué? La guerra no tiene explicación. Los responsables buscan palabras sin contenido, construyen discursos para justificar lo injustificable. Han sellado y robado la vida de miles de seres humanos en nombre de la sinrazón y los poderosos continúan acumulando armas nucleares que pueden destruir el mundo y ponen en riesgo nuestra casa común y toda forma de vida planetaria.

¿Será ese el destino de la humanidad? ¿El ser humano será víctima de si mismo?

Los interrogantes surgen en el pensamiento y conciencia de los pueblos. Debemos mirarnos en Hiroshima, testigo de ese momento que cambió el curso de la humanidad.

Las grullas son el mensaje de paz que nos cuestiona e interpela, como la niña que sabía que era víctima de la bomba y estaba contaminada por las radiaciones y sin embargo no perdía la esperanza, y antes de morir quiso dejar su legado: las grullas de la Paz.

Hay quienes ponen en subasta su conciencia y saberes que se compran y se venden, como los científicos y técnicos al servicio de la muerte y no de la vida.

Esa actitud del no querer ver y comprender está enraizada, procede de la “suspensión de la conciencia”. La suspensión de la conciencia en masa, en que todos juegan al mismo juego: hacer la guerra. Si todos hacen lo mismo, la responsabilidad se transforma en irresponsabilidad total y elude la culpabilidad.

Thomas Merton señala que: “la mayor necesidad de nuestro tiempo es limpiar la enorme masa de basura mental y emocional que atasca nuestras mentes y convierte toda vida política y social en una enfermedad de masas”. Sin esa limpieza doméstica no podemos empezar a ver. Si no vemos no podemos pensar. La purificación debe empezar con los medios masivos.

Hiroshima es la conciencia viva de la humanidad, ha resurgido en la esperanza que otro mundo es posible. La necesidad de las nuevas generaciones de hacer memoria, que debe iluminar el presente, y saber que es en el presente donde la humanidad puede construir nuevos caminos y alternativas que hoy necesita la humanidad.

Por eso Lao Tzu dice:

“Ser grande es seguir adelante
Seguir adelante es estar lejos
Estar lejos es volver”

Adolfo Pérez Esquivel

 

Santos no puede convertir a Colombia en un país invasor

El Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, expresó su rechazo a las gestiones del presidente Santos para incorporar a Colombia dentro de la OTAN: “Mientras la Unión de Naciones del Sur (UNASUR) y la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (CELAC) son iniciativas de paz y de unión regional frente a las potencias. La OTAN representa todo lo opuesto. Es un organismo que fomenta las armas nucleares,  el intervencionismo y la violación de los derechos humanos y de los pueblos“.

Pérez Esquivel recordó que mientras en otra época la desigual repartición del mundo entre los países europeos desencadenaron las dos guerras mundiales, “hoy Europa y EEUU se han agrupado a través de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) e intervienen en la vida de otros países de manera coordinada y mancomunada, de forma tal que todos reciban beneficios por su aporte a la intervención y explotación de recursos de nuestros países”.

El Presidente del Organismo de Derechos Humanos latinoamericano Servicio Paz y Justicia recordó también que “La presencia militar de Estados Unidos en Latinoamérica es también presencia de la OTAN, porque el Tratado de Washington establece que todas las bases militares pertenecientes a un Estado miembro de la OTAN pueden ser utilizadas en el marco de sus misiones a pesar de que oficialmente no exhiban su insignia. Esto también incluye a nuestras Islas Malvinas, que tienen una base militar británica“.

Para finalizar agregó que Santos no puede seguir diciendo que busca la paz en su país si al mismo tiempo quiere convertir a Colombia en un potencial invasor de sus pueblos hermanos: “Santos debe dar marcha atrás con esta iniciativa, la Argentina debe renunciar a su estatus de aliado extra-OTAN y la UNASUR debe debatir seriamente el rol de nuestros ejércitos y posicionarse firmemente contra las armas nucleares. América Latina es un continente de paz y esperanza, no puede ser presa de la guerra y el negocio de la muerte. Esta América, Nuestra América, busca el equilibrio del mundo, no su desequilibrio y autodestrucción“.

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