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La violencia e hipocresía del gobierno nacional

Una vez más el gobierno recurre a la violencia para silenciar los reclamos sociales en general y de los pueblos originarios en particular. La reciente represión contra la comunidad mapuche en Villa Mascardi, Bariloche, y el asesinato del joven mapuche de 22 años, Rafael Nahuel, en manos de la Prefectura Nacional; se suma a la política represiva de la aún no removida Ministra de Seguridad Patricia Bullrich. El gobierno trata de justificar el asesinato y la represión inventando una supuesta organización terrorista, y presiona al Poder Judicial que está investigando la represión de Prefectura. No propone mediación y diálogo para resolver el conflicto por las tierras en la Patagonia y continúa la expulsión de las comunidades y de las tierras vendidas a grandes terratenientes extranjeros, entre ellos Benetton, Lewis, Turner.
Arturo Jauretche decía: “malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende”. No hay una investigación sobre qué gobernadores y dirigentes políticos vendieron tierras indígenas a terratenientes, un mal endémico en el país desde la nefasta “Campaña del Desierto”, que masacró a los pueblos originarios para entregar territorios a empresas extranjeras.
La Ministra de Seguridad y el Ministro de Justicia Garavano, buscan justificar lo injustificable y hacer aparecer a los mapuches como violentos y como parte del grupo R.A.M.,  acusándolos realizar acciones violentas para recuperar sus territorios,
La violencia estructural y social es provocada por el gobierno que viola el Art. 75, inc 14 de la Constitución Nacional, El Convenio 169 de la OIT sobre los pueblos indígenas y la Declaración Universal de la ONU sobre Pueblos Indígenas. La hipocresía y falta de respeto al pueblo es tergiversar la verdad, como lo hicieron en la represión en Cushamen – Esquel y la muerte de Santiago Maldonado-
El Estado tiene el monopolio de la fuerza, y este gobierno la usa para reprimir al pueblo violando sus derechos. En vez de estar al servicio del pueblo, nuestros representantes electos se ponen en nuestra contra.
Denunciamos esta política represiva del gobierno y reclamamos la investigación de los responsables de la muerte de Rafael Nahuel y de los heridos en Villa Mascardi, crimen que no puede quedar en la impunidad.

Adolfo Pérez Esquivel
Premio Nobel de la Paz
Presidente del Servicio Paz y Justicia
Presidente de la Comisión Provincial por la Memoria

El Nobel deberá ser la paz

Los 52 años de conflicto en Colombia dejaron un saldo de al menos 260.000 muertos, 45.000 desaparecidos y 6,8 millones de desplazados. Los gobiernos invirtieron aproximadamente 179.000 millones de dólares y perdieron la soberanía colombiana al dejar a Estados Unidos instalar numerosas bases militares, permitiendo entrar a sus tropas al país y vendiendo muchas tierras a empresas transnacionales.

El 26 de septiembre del 2016, luego de 6 años de negociaciones, se firmó el acuerdo de Paz entre el Gobierno de Colombia y las Farc-Ep, iniciando el fin del último y más antiguo conflicto armado del hemisferio occidental. Lamentablemente, esa esperanza por alcanzar la paz quedó congelada el domingo 2 en el plebiscito, al que asistí como observador internacional.

El No alcanzó el 50,22 por ciento y el Sí, el 49,78 por ciento, lo que puso en evidencia la polarización de la población, así como también el alto grado de apatía y descreimiento del 63 por ciento del electorado que no fue a votar, evitando tomar partido en esta decisión tan importante para el futuro del país.

El gerente de la campaña del No, Juan Carlos Vélez, reconoció que habían tergiversado la información sobre los acuerdos para ganar votantes y pidió perdón por haber confundido a los colombianos. No actuaron solos, algunos medios de comunicación colaboraron en esta tarea. Pero ya ganado el No; es bueno saber que todos los sectores respetaron lo trabajado en los acuerdos de La Habana y están dispuestos a mejorarlo y profundizarlo para encontrar soluciones consensuadas que permitan una paz legítima y persistente. Colombia no puede dar un paso atrás y las partes deben asumir su responsabilidad para buscar la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas.

Nunca los acuerdos son los ideales, son los posibles y en el caminar de la realidad pueden mejorar, en bien de todo el pueblo. Los desafíos que vienen requieren de políticas sociales fuertes con apoyo del pueblo y la solidaridad internacional, que ayuden a reparar el daño a las víctimas directas e indirectas.

En este sentido, es importante que luego de las Farc-Ep sigan los diálogos entre el Gobierno y el Eln para desarmar las “conciencias armadas”, así como también es urgente el desarme de los grupos parapoliciales y paramilitares. Las violaciones de derechos humanos contra la población, cometida por todas las partes durante el conflicto, deben ser penadas y reparadas.

La paz es una dinámica en las relaciones entre las personas y los pueblos, y para lograrla se necesitan mucho coraje, conciencia crítica y valores, que permitan silenciar las armas y transformarlas en arados –como lo anunciara el profeta Isaías– para desarrollar al país bajo un paradigma menos violento y neoliberal, y construir un horizonte de vida e igualdad.

Felicito al presidente Santos por lo hecho hasta ahora y por recibir el Premio Nobel de la Paz, así como a la contraparte, sin la cual no hubiese habido premiación. Ahora, Santos debe tener presente que el Nobel es una herramienta al servicio de los pueblos y que todos esperamos que esta designación ayude a encontrar el premio de la paz que los colombianos merecen.

Hay mucha gente allí que está trabajando por la paz, como Piedad Córdoba y el padre Javier Giraldo, entre tantos otros, que se han jugado la vida y vienen trabajando hace décadas por una Colombia con justicia, con igualdad y respeto a los derechos humanos. Nadie va a regalar esa Colombia, hay que construirla con esfuerzo y esperanza. Y todos debemos hacer un aporte, porque la paz en Colombia es también la paz de nuestra América.

ADOLFO PÉREZ ESQUIVEL
Premio Nobel de la Paz 1980

Publicado en el diario El Tiempo de Colombia el ída 10 de octubre de 2016: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/el-nobel-debera-ser-la-paz-adolfo-perez-esquivel-columnista-el-tiempo/16722696

¿Y ahora quién podrá defendernos?

Parece mentira, pero los argentinos hace seis años que no tenemos Defensor del Pueblo. Las organizaciones sociales desde siempre venimos defendiendo las causas populares con mucho esfuerzo, y así lo seguiremos haciendo, pero resulta inaceptable que los representantes electos por el pueblo no le den al pueblo argentino una herramienta institucional tan importante como la del Defensor.

Valdría la pena preguntar si alguno cree que en el país no hay vulneraciones a los derechos humanos, que no hay problemas con la vivienda, con la educación, la salud, con los servicios públicos, con la libertad de expresión, con el empleo, con los pueblos indígenas, el medio ambiente, con la identidad y la privacidad, o con la violencia institucional.
No sólo hemos llegado al punto de que la Corte Suprema de Justicia tenga que exigirle al Congreso cubrir esa vacante, sino que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, también instaron al Estado argentino a que designe al Defensor del Pueblo o, en otras palabras, a que respete su propia Constitución.

No se trata de un capricho, esta institución tiene mucha importancia porque posee legitimación procesal para presentarse en sede judicial en defensa de los pueblos afectados por los derrames de la megaminería, por la contaminación de los agrotóxicos, para defender los derechos de los niños, los abusos de las empresas de servicios y para defender el derecho a la tierra, techo y trabajo; entre otros tantos temas apremiantes.

Así como lo exigimos cuando la mayoría parlamentaria era del peronismo, también lo exigimos ahora: los argentinos tenemos derecho a un Defensor del Pueblo que colabore activa, autónoma e independientemente en la promoción y protección de nuestros derechos fundamentales. Y más aún en la actual situación que vive el país, donde la gestión de Cambiemos está haciendo crecer a niveles exponenciales el endeudamiento, el desempleo, la pobreza y la indigencia.
Sin embargo, cubrir la vacante no es suficiente, porque el cargo no puede ser para cualquiera. Por este motivo, 55 organizaciones adherimos a la campaña para exigir al Congreso Nacional que la elección involucre un mecanismo participativo, que garantice que el/la nuevo/a Defensor/a reúna las condiciones de idoneidad técnica y moral, independencia de criterio y compromiso en la defensa de los derechos humanos (ver www.acij.org.ar).

Lamentablemente la actual Ley 24.284 sólo exige que los candidatos sean argentinos y tengan más de 30 años. No exige audiencias públicas, ni concursos, ni establece mecanismos de impugnación, es más, permite que el cargo se elija a espaldas del principal interesado: el pueblo.

Por eso nos alarma escuchar los nombres de algunos/as de los candidatos/as en danza. Muy pocos conocen el país, tienen diálogo con distintos espacios políticos, idoneidad técnica, una trayectoria intachable y un perfil independiente del actual gobierno.

Así como también nos alarma el desfasaje de la actual normativa con las atribuciones que este organismo necesita para cubrir las necesidades de la Argentina, ya que el Defensor no tiene permitido ejercer control sobre el Poder Legislativo, el Judicial, ni sobre los organismos de defensa y seguridad.

Por eso creemos que la Defensoría no puede tener una normativa desactualizada con respecto a la Argentina actual, ni tampoco se la puede tratar como un puesto más para “repartir”, como si fuese una presidencia de comisión. Esperamos que los representantes en el Congreso tengan la sensatez de garantizar que el nuevo Defensor/a no nazca de un mero intercambio de acuerdos palaciegos a puertas cerradas, sino que sea legitimado/a por el pueblo para recuperar y fortalecer sus funciones sociales.

Adolfo Pérez Esquivel

Premio Nobel de la Paz

Pueblicado en el diario Perfil el domingo 18 de septiembre de 2016: http://www.perfil.com/columnistas/y-ahora-quien-podra-defendernos.phtml

Brasil, democracia de luto, nossa América na luta (Port. / Esp.)

Problemas da educação não são resolvidos com menos educação, problemas de transparência não são resolvidos com menos transparência, os da igualdade não resolvidos com menos igualdade, nem os problemas da democracia se resolvem com menos democracia.

Um punhado de parlamentares acusados de corrupção pré-condenou discursiva e midiaticamente uma presidenta – eleita pelo voto majoritário de seu povo – por atos de corrupção que não foram comprovados. Como não podiam removê-la do cargo por esta razão, criminalizaram atos de governo públicos e publicados, que já foram usados por governos anteriores e de outros países, estabelecendo um grave precedente jurídico para os atos de governo de administrações atuais e futuras da região.

Então, por que a presidente Dilma Rousseff não é mais presidente do Brasil? Sim, porque houve um golpe parlamentar.

Falei na reunião de 28 de abril no Senado do Brasil, disse aos senadores que o País estava caminhando para um “golpe de Estado”. A verdade envergonha alguns e fortalece outros. Não é por acaso que, depois de minhas palavras, senadores da oposição exigiram censurar minha frase no registro taquigráfico.

Se já era questionada a democracia representativa por deixar as pessoas em um quase-estado de desamparo, no qual os governantes podem fazer o que querem e não o que devem. Com este golpe no maior país da América do Sul, nem mesmo a democracia representativa está garantida. Ou seja, no momento em que 51 senadores podem votar contra 54 milhões, a democracia entra em luto.

Alguns governos latino-americanos retiraram seus embaixadores como um sinal de compromisso com o futuro das nossas democracias. E os órgãos regionais deveriam exigir que o governo usurpador convoque novas eleições.

Enquanto isso, o povo brasileiro tem o nosso apoio nesta fase de resistência para a defesa das nossas democracias. Não é a primeiro golpe brando neste século e não será o último, pois há muitos muitos embaixadores do golpismo.

Esta é uma operação regional que não para no gigante do sul, e logo vai para a Venezuela, Equador, Bolívia… para o futuro de todas as alternativas políticas que não querem abaixar a cabeça. A esperança é sempre nos povos, que são os fiadores para democratizar as democracias, para converter o luto em vida, o luto na luta.

*Adolfo Pérez Esquivel, ativista de direitos humanos argentino, foi prêmio Nobel da Paz em 1980.

Publicado na revista Carta Capital o día 6 de setembro do 2016: http://www.cartacapital.com.br/politica/brasil-democracia-de-luto-nossa-america-na-luta

Brasil, democracia de luto, nossa América na luta

Los problemas de la educación no se resuelven con menos educación, los Leer el resto de esta entrada »

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