Una Gota de Tiempo

Una Gota de Tiempo. Crónica entre la angústia y la Esperanza.

En su autobiografía, Adolfo Pérez Esquivel, sintetiza su marcha junto a miles de personas que compartieron y comparten su camino, en nombre de los que asumió el Premio Nobel de la Paz en 1980. Desde el drama personal que le significaron la cárcel, la tortura, su vuelo de la muerte y hasta haber sido un desaparecido en vida, así como desde el recuerdo pleno de afecto y ternura para las personas que ayudaron a forjar su personalidad. Adolfo nos transmite sus experiencias, su palabra y su trayectoria como una manera de hacer memoria y ayudar a comprender nuestra historia, para recuperar valores que iluminen el presente y nos permitan ir construyendo el futuro.

Este libro lo editó la Editorial Op Oloop en 1996  y está disponible en versión impresa castellana y catalana.

Extracto:

Otra vez en Familia

La familia sufrió todos los embates de la violencia, de esa situación que debían soportar en gran medida por mis actividades en defensa de los Derechos Humanos. Mi hijo mayor, Leonardo militaba desde niño en las actividades del SERPAJ, en las denuncias sobre las explosiones atómicas en el Atolón de Mururoa en el Pacífico, en las marchas, en el exilio de muchos chilenos que llegaban a la Argentina.

Compartimos momentos dificiles en el Ecuador durante la reunión de obispos latinoamericanos en Riobamba, con el hermano y amigo Monseñor Leónidas Proaño y su detención con otros compañeros del SERPAJ y tuvo que soportar el exilio y en el regreso, mi prisión. Leo tenía conciencia de la situación y la asumía desde la militancia de los cristianos.

Victor Ernesto era un adolescente que estaba entre la incierta inseguridad de una familia ambulante y comprometida, de un padre que tuvo que llevarlos al exilio y del que los separaron por un largo tiempo durante la prisión.

Muchas veces recibía amenazas telefónicas. Tal vez fue el hijo que sufrió con mayor crudeza los impactos de la represión. Vivía una adolescencia dificil traumática, de gran inestabilidad. Eso lo marcó hasta el día de hoy.

Esteban, el más pequeño, (el petiso) no se daba cuenta de todo lo que sucedía. El exilio le pareció un paseo, y trató de aprovecharlo todo lo posible; su viaje al Ecuador para él fue una fiesta. Vivía la edad de la inocencia.

Amanda Itatí, mi esposa, es la que tuvo que asumir roles y actitudes con una gran capacidad de resistencia para continuar. No es una militante en el sentido que le damos de etar en las marchas, movilizaciones y reuniones. Es una mujer que siempre estuvo en el mundo de la música, con sus conciertos componiendo obras sinfónicas, cantatas, cuartetos, etc, y todo aquello a lo que la llevaba su inquietud de artista y su visión sobre América Latina.

Tuvo que resistir y luchar durante mi detención. Recorrió ministerios, compartió el caminar con los familiares, madres y organizaciones. Presentó recursos de amparo y vió otros rostros, otras mujeres que sufrieron el dolor y la separación de sus seres queridos. Escuchó las mentiras, sufrió la actitud de muchos que se decían amigos y que en elmomento crítico se borraron. recibió la ayuda de otras personas que la acompañaron y guiaron en los momentos dificiles.

Tuvo la solidaridad y apoyo de las iglesias a nivel internacional puesto que aquí en nuestro país eran pocos los obispos y sacerdotes que te tendieron una mano.

Amanda me dió mucho ánimo y coraje durante mi cautiverio y supo compartir y participar solidariamente con otras personas y organizaciones en defensa de los derechos humanos.

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