Su infancia y juventud

Foto familiar en el antiguo Parque Japonés de Buenos Aires. Adolfo Pérez Esquivel es el niño arriba a la derecha abrazado por su padre Cándido, luego su hermana Zulema, su madre Mercedes y su tía.

Nació el 26 de noviembre de 1931 en Defensa y Humberto Primo, pleno corazón del barrio San Telmo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (C.A.B.A.). Su padre, Cándido Pérez, era inmigrante español que trabajaba de pescador en su Pontevedra natal. Su madre Mercedes Esquivel, hija de una india guaraní, murió cuando él era todavía una criatura.

Al no poder mantener reunida a la familia, su padre decidió buscar ubicación para sus cuatro hijos. Buena parte de su infancia la vivió como pupilo en el Patronato Español de Colegiales (C.A.B.A.) cuando su padre se volvió a España. Ahí comenzó su amor hacia la escultura y donde  aprendió  a tallar la madera. También vivió un tiempo con su abuela Eugenia, que hablaba guaraní pero casi nada de castellano, en Haedo, Provincia de Buenos Aires. De ella aprendió mucho sobre la historia y la sabiduría de los Pueblos Oroginarios. Luego volvió a reunirse con su familia y todos se fueron a vivir a una casa del  barrio de San Telmo donde culminó el tramo fundamental de su educación primaria con los Franciscanos, en el colegio que la orden regenteaba en Defensa y Moreno (C.A.B.A.).

En relación a la educación religiosa que tuvo, Pérez Esquivel comenta que era Católica tradicional y que con el tiempo comenzó a cuestionarla: “Yo tuve que hacer toda una relectura del Evangelio, redescubrir la dimensión espiritual a través de lecturas y conversaciones. Pero la fé no la podemos vivir sectariamente, sino que tenemos que compartirla”.

Empezó a trabajar a los once o doce años: “Éramos muy pobres, así que muchas veces me acostaba sin comer. Otras, el boliche nos tenía que fiar un café con leche. Para no acostarme con la panza vacía había que trabajar. Vendí diarios en el tranvía, después fui cadete de oficinas, peón de jardinería, y más tarde, me dediqué a proyectitos de instalación de negocios hasta que pude vender algún cuadrito”.

Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano, que en ese momento estaba en la calle Cerrito, cerca de Retiro (C.A.B.A.). Escuela de la cual después fue profesor.

A su esposa, Amanda Guerreño la conoció a los 15 años, porque era amigo de su hermano. Juntos estudiaron en la Universidad Nacional de La Plata, donde ella se recibió de profesora superior de piano y composición.

Adolfo junto a su esposa Amanda

La etapa de adolescente fue particularmente activa en los grupos juveniles preocupados por insertar su inclinación cultural en la realidad. El mismo recuerda: “Tratábamos de hacer exposiciones, ir a las barriadas, hacer participar a los chicos. Hicimos muestras en fábricas y tratamos de que los obreros comenzaran a expresarse, a hacer sus propias obras”.

Respecto al contexto social Adolfo destacaba que “…había una participación juvenil intensa, y tratábamos de aprovechar lo que nos parecía mejor. Lo que no nos gustaba también lo decíamos, pero no nos guiábamos por una cuestión ideológica. No teníamos tiempo porque trabajábamos todo el día y estudiábamos de noche”.

 

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