El Activista

En los años sesenta comienza un trabajo con organizaciones y movimientos latinoamericanos cristianos de base . Posteriormente participa de los movimientos de no-violencia y en 1973 publica el periódico Paz y Justicia para difundir esa filosofía y continúa en la organización de grupos de base con sectores populares.

La violencia desatada en todo el continente latinoamericano y las graves violaciones de los derechos humanos, lo llevan a asumir compromisos y responsabilidades con los grupos y movimientos cristianos en el continente.

En 1974, en Medellín, Colombia,  se lo designa coordinador general del Servicio Paz y Justicia para América Latina, compuesto por grupos y movimientos que trabajan por la liberación por medios no-violentos. Estos grupos, integrados ecuménicamente por religiosos, laicos, campesinos, indígenas, sectores populares, organizaciones de base, intelectuales, preocupados por la situación de sus países, buscan articular acciones y políticas comunes frente a la violencia y opresión, generando alternativas y respuestas dentro de los espacios cada vez más restringidos y reprimidos de la sociedad. En la mayoría de los países latinoamericanos se imponen las dictaduras militares y el delito del secuestro y desaparición forzada de personas es cada día mayor.

En 1975, Adolfo Perez Esquivel es detenido y encarcelado por la policía militar de Brasil, en el aeropuerto de San Pablo, junto a la Dra. Hildegard Goss-Mayr, del Movimiento Internacional de la Reconciliación. Y también es encarcelado en 1976 en Ecuador junto con obispos latinoamericanos y estadounidenses.

Con el golpe de estado militar de Jorge Rafael Videla en Argentina, en 1976, y con la represión sistemática posterior, contribuyó a la formación y financiación de los enlaces entre organizaciones populares para defender los Derechos Humanos y apoyar a los familiares de las víctimas de la Dictadura. El “Servicio de Paz y Justicia”, que él co-fundó, evolucionó en este contexto y sirvió como instrumento para la defensa de los derechos humanos promocionando una campaña internacional para denunciar las atrocidades cometidas por el régimen militar. En el año 1975 contribuye a fundar La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos. Posteriormente colaborará en la constitución de organismos de derechos humanos de familiares de las víctimas de la represión como fueron Madres de Plaza de Mayo, Abuelas de Plaza de Mayo, y Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas.

En agosto de 1977,  es detenido en Buenos Aires, en el Departamento Central de la Policía Federal. Es encarcelado y torturado, sin proceso judicial alguno y puesto a disposición del Poder Ejecutivo. Permanece en prisión 14 meses y en libertad vigilada otros 14 meses. Durante su prisión recibe el Memorial de la Paz “Juan XXIII”, otorgado por Pax Christi Internacional, entre otros reconocimientos internacionales.

La violenta represión, secuestros y asesinatos que llevaron a cabo las dictaduras de Paraguay, Uruguay, Brasil, Bolivia, Chile y Argentina, junto al accionar de grupos para- policiales y para –militares, generaban un estado de angustia y de indefensión en los pueblos, al igual que en otros países del continente.

El Servicio Paz y Justicia, entre otras organizaciones, fue una organización de apoyo y defensa de los Derechos Humanos, y desarrolló una fuerte campaña internacional para denunciar las atrocidades de las dictaduras militares en el continente y el país. Esta actividad tiene como consecuencia la represión hacia el Servicio  Paz y Justicia, tanto en Argentina como en otros países.

En 1980 se le entrega el Premio Nobel de la Paz, por su trabajo en defensa de los Derechos Humanos. Al recibir esta distinción declara que no lo recibe a título personal sino “…en nombre de los pueblos de América Latina, y de manera muy particular de mis hermanos los más pobres y pequeños, porque son ellos los más amados por Dios; en nombre de ellos, mis hermanos indígenas, los campesinos, los obreros, los jóvenes, los miles de religiosos y hombres de buena voluntad que renunciando a sus privilegios comparten la vida y camino de los pobres y luchan por construir una nueva sociedad”.

Luego del premio recorrerá todos los países latinoamericanos aquejados por sus dictaduras y continuará su trabajo en Argentina y en el mundo hasta el día de hoy en defensa de la vida, la Educación para la Paz, los Derechos Humanos y de los Pueblos.

En el continente latinoamericano ha participado de muchas campañas entre las que se pueden mencionar la resistencia contra la invasión de Panamá por parte de EEUU, el Barco de la Paz a Nicaragua en 1984 en apoyo a la Revolución Sandinista y la campaña contra la guerra civil en El Salvador. En febrero de 1995 encabezó la Misión de Paz del  Servicio Paz y Justicia a raíz de la guerra entre Perú y Ecuador, visitando ambos países en sus zonas de frontera.

Frente a situaciones de conflicto internacional ha contribuido con otros Premios Nobel en misiones como el Barco de Solidaridad a Polonia, y en campañas frente a la grave situación del Apartheid en Sudáfrica, en Afganistán, en Irak por el conflicto de Medio Oriente, en el Tíbet por la ocupación China y ofició de mediador ante diversas solicitudes como por ejemplo entre la ETA y el gobierno de España.

En febrero de 1994 participó de la Misión a Tailandia de los Premios Nobel de la Paz por la  liberación de Aung San Suu Kyi (Premio Nobel de la Paz 1991), presa por más de tres años. Esta misión visitó los campamentos de refugiados birmanos, y  participaron de la misma El Dalai Lama, Arzobispo Desmond Tutu,  Mairead Corrigan y Betty  Williams.

En 1997 participó del “Llamado de los Premios Nobel de la Paz por los Niños del Mundo”, promoviendo y logrando que Naciones Unidas proclame el año 2000 como el “Año Internacional de la Cultura y de la Paz” y a la primera década del Nuevo Milenio como la “Década Internacional de la Cultura de la Paz y de la No-violencia para los Niños del Mundo”.

En Argentina, gracias a su iniciativa y apoyo se iniciaron procesos penales contra la dictadura militar argentina en Italia, España y Alemania. Luego de la Ley Nº 25.779 de nulidad de la Ley de Obediencia Debida y Punto Final del año 2003, también pudo continuar con el juicio que inició en 1984 al dictador Jorge Rafael Videla y otros represores en la misma Argentina:  “Tenemos que fortalecer las instancias jurídicas para que esto no vuelva a ocurrir nunca más. Este juicio en Córdoba es muy emblemático. La Argentina avanzó quizá más que ningún país a nivel internacional. El juicio de Nuremberg fue un tribunal ad hoc, aquí no. Aquí está en funcionamiento, y eso es lo que hay que valorar, es la justicia Argentina a través de un estado de derecho”.

21 de Diciembre de 2010. Los tres querellantes Vaca Narvaja, Pérez Esquivel y Martinez, en el juicio al dictador Jorge Rafael Videla y 15 represores más.

Actualmente es presidente del Consejo Honorario del Servicio Paz y Justicia en América Latina, presidente ejecutivo del Servicio Paz y Justicia Argentina, de la Comisión Provincial por la Memoria de Buenos Aires, de la Liga Internacional por los Derechos y la Liberación de los Pueblos, de la Academia Internacional de Ciencias Ambientales, de la Fundación Universitat Internacional de la Pau de San Cugat del Vallés (Barcelona) y del Consejo Académico de la Universidad de Namur, Bélgica. También es miembro del Tribunal Permanente de los Pueblos, del Comité de Honor de la Coordinación internacional para el Decenio de la no-violencia y de la paz, del Jurado Internacional del Premio de Derechos Humanos de Nuremberg, del jurado del Premio de Fomento para la Paz “Felix Houphouet Boigny” de la UNESCO, del programa de educación internacional “Peacejam”, del Consejo Mundial Proyecto José Martí de Solidaridad Mundial, del Consejo Asesor del Canal Telesur y parte del Consejo Directivo del Instituto Espacio para la Memoria (IEM).

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