

fotografías gentileza de Mercedes Pérez

Video en formato DVD con Música de Amanda Guerreño, basado en poesías de Carlos Alberto Débole, y con la realización de la imágen visual de Juan Varni.
Este video nos cuenta desde la poesía y la música, el paisaje cultural e histórico de la época del II Tupac Amaru, y sus propias desventuras finalizando con el intento de descuartizamiento y la aniquilación de todos su lugartenientes y familiares y su posterior muerte.
Tomando dibujos extraídos del libro El primer nueva corónica [sic] y buen gobierno del cronista de la época del Virreinato del Perú Guaman Poma de Ayala (1550 - 1616) (aunque este existió en las épocas del primer Tupac, su uso en la obra no es de carácter documental sino artístico) imágenes de diversos fotógrafos, escenas del film Túpac Amaru realizado por el Instituto Cubano de Arte en el año 1975, pinturas del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín (Julio 6, 1919 – Marzo 10, 1999, Quito, Ecuador) que nos hablan del sufrimiento latinoamericano, dibujos del Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, etc, es como se va armando este collage visual y auditivo construyendo una obra única en su género.
José Gabriel Condorcanqui Noguera, conocido como Túpac Amaru II (Tinta, Perú 19 de marzo de 1742 - Cusco, 18 de mayo de 1781), probable descendiente del Inca Túpac Amaru, fue un líder quechua que encabezó la primera y mayor rebelión de corte independentista en el Virreinato del Perú.
José Gabriel Condorcanqui nació en el año de 1742, en el pueblo de Surimana (Tungasuca, actual distrito de Tupac Amaru) de la Provincia de Canas Departamento de Cusco, en la zona de los Andes del Perú.
Era el segundo hijo del curaca Miguel Condorcanqui y su esposa Rosa Noguera. Al fallecer su hermano mayor, quedó como único y legítimo heredero del curacazgo de Surimana, Tungasuca y Pampamarca en la actual provincia de Canas departamento del Cusco. José Gabriel Condorcanqui pertenecía a una familia de la nobleza cusqueña respecto a la cual los conquistadores españoles habían respetado sus fueros, privilegios y propiedades pero sin llegar a aceptarlos socialmente.
Luego de transcurrida su infancia en los territorios de la familia, sus padres lo enviaron a la edad de 10 años a la ciudad del Cusco para recibir educación. Cursó sus estudios en el colegio de nobles indígenas "San Francisco de Borja" ubicado en la ciudad del Cusco y que era dirigido por sacerdotes jesuitas. La tradición oral señala que Condorcanqui destacó en sus estudios; sin embargo, no existen pruebas documentales que den fe de ello.
Actividades económicas
Terminados sus estudios y nombrado cacique de los territorios que le correspondían por herencia, Condorcanqui fijó su residencia en la ciudad del Cusco desde donde viajaba constantemente para controlar el funcionamiento de sus tierras. El 25 de mayo de 1758, contrajo matrimonio con la joven cusqueña Micaela Bastidas Puyucahua quien también descendía de una familia cusqueña de abolengo. Con Bastidas, Condorcanqui engendraría tres hijos, Hipólito, que nació en 1761, Mariano , que nació en 1763, y Fernando, que nació en 1770.
En ese momento, las propiedades de Condorcanqui incluían cocales en Carabaya (actual provincia de Carabaya, departamento de Puno), chacras en su natal Tinta, vetas de minas por el sur del Alto Perú (actual Bolivia) y un número aproximado de 350 mulas que empleaba como animales de carga para el transporte de mineral a las provincias argentinas, principalmente Tucumán. Todas estas actividades económicas le procuraron a él y a su familia un buen nivel económico que sin embargo y debido a sus fuertes rasgos indígenas no le permitieron ser aceptado por la alta sociedad cusqueña formada principalmente por españoles y criollos.
La tradición de su familia señalaba que ellos descendían directamente de los últimos habitantes del Imperio incaico que, huyendo de la dominación española se asentaron en la localidad de Vilcabamba (actual provincia de Paruro, departamento del Cusco). En esas ideas, José Gabriel Condorcanqui afirmaba descender de Túpac Amaru I, el último Incas de Vilcabamba, quien fuera ejecutado en 1572 en la Plaza de Armas del Cusco por orden del Virrey Francisco de Toledo.
Debido a sus prósperas actividades económicas, Condorcanqui empezó a sufrir la presión de las autoridades españolas, en especial por presión de los arrieros argentinos que intentaban tener el monopolio del tránsito de mineral por el Alto Perú. Las autoridades españolas sometieron a Condorcanqui al pago de prebendas y señalaron la obligación de todos los indigenas para participar en la mita o trabajo en las minas en favor de la Corona.
Ante ese panorama y ante los excesos de las autoridades españolas en el Cusco, Condorcanqui presentó en 1776, una petición formal ante la Real Audiencia de Lima para que los indigenas fueran liberados del trabajo obligatorio en las minas (mita). La decisión de la Audiencia de Lima fue negativa, causando en Condorcanqui un profundo rechazo y resentimiento ante el sistema.
La rebelión de Túpac Amaru II
Los tributos excesivos, la mita y los abusos de los corregidores fueron las principales causas de la rebelión indigena que estalló el 4 de noviembre de 1780 en la localidad de Tinta. Otra causa adicional fueron los nuevos "repartimientos" de las tierras que había dispuesto el nuevo virrey Agustín de Jáuregui y Aldecoa. Estos repartimientos afectaban directamente las propiedades de Condorcanqui quien veía, de esa manera, expropiada gran cantidad de sus tierras.
Encabezada por Condorcanqui, esta insurrección popular fue la más grande en la historia del Virreinato. En sus inicios, la rebelión reconoció la autoridad de la Corona española, limitándose a exigir cambios en la organización administrativa del Virreinato donde los abusos por parte de los corregidores eran excesivos. El día que estalló, el 4 de noviembre de 1780, la rebelión atacó, en consecuencia, al corregidor de Tinta, el español Antonio Arriaga quien fue apresado ese mismo día y ejecutado. A estas alturas, Condorcanqui ya había adoptado el nombre de Túpac Amaru II, en honor de su antepasado el último Inca de Vilcabamba. Posteriormente el movimiento se propaló por gran parte de la sierra sur del virreinato.
Aunque su objetivo inicial fue luchar contra los excesos y el mal gobierno de los españoles, no pudo evitar que la guerra se convirtiera en racial. Al frente de una nutrida hueste y después de vencer a un ejército de 1.200 españoles en Sangarará (actual distrito de Sangarará, provincia de Acomayo, departamento del Cusco), Túpac Amaru decidió no dar el golpe definitivo a la plaza virreinal ubicada en la ciudad del Cusco al norte de Sangarará. Al contrario, replegó sus tropas a Tungasuca (actual provincia de Canas, al sur de Sangará) algunas fuentes señalan que este movimiento de Túpac Amaru lo hizo con la finalidad de lograr una conversación con las autoridades españolas. Sin embargo, este movimiento permitió que los españoles en Cusco organizaran la resistencia y obtuvieron la llegada de refuerzos enviados por orden del Virrey de las ciudades de Lima, Arequipa y Huamanga. Estos refuerzos y la nueva estrategia planteada por el general realista Gabriel de Avilés fueron determinantes para que las tropas del virrey (que contaba entre sus oficiales con el brigadier Mateo Pumacahua quien encabezaría años después otro levantamiento de corte independentista) pudieran vencer a los rebeldes el 8 de enero de 1781.
Luego de esta caída, las tropas realistas bajo el mando del Mariscal español Del Valle persiguieron a las huestes tupacamistas, dándose sendos enfrentamientos los días 5 y 6 de abril en Tinta. Las huestes independentistas fueron diezmadas y los principales dirigentes de la rebelión tomados prisioneros.
Juzgamiento y ejecución
El 18 de mayo de 1781, en la Plaza de Armas del Cusco, Túpac Amaru fue obligado, tal como señalaba la sentencia, a presenciar la ejecución de toda su familia. Se le intentó descuartizar atando cada una de sus extremidades a caballos, cosa que no se logró tras varios intentos, por lo cual finalmente se optó por decapitarlo y posteriormente descuartizarlo. Su cabeza fue colocada en una lanza exhibida en Cusco y Tinta, sus brazos en Tungasuca y Carabaya, y sus piernas en Levitaca y Santa Rosa (actual provincia de Chumbivilcas).
A pesar de la ejecución de Túpac Amaru y de su familia, los españoles no lograron sofocar la rebelión, que continuó acaudillada por su medio hermano Diego Cristóbal Túpac Amaru, al tiempo que se extendía por el altiplano boliviano, la región de Jujuy y en el Noroeste argentino.
En el Perú
La fama de Túpac Amaru se extendió de tal forma que incluso los indigenas sublevados en el llano de Casanare, en la región de Nueva Granada, le proclamaron rey de América. Siguiendo los pasos de su antecesor, que había intentado una solución pactada al conflicto, tras difíciles negociaciones, en enero de 1782, el nuevo cacique inca consintió en deponer las armas con la promesa española de indultar a los rebeldes y corregir la mala situación de los indigenas.
Las posteriores rebeliones criollas invocaron el nombre de Túpac Amaru para obtener el apoyo de los indigenas, caso entre otros de Túpac Katari en la región que vendría a ser después parte de Bolivia.
La rebelión de Túpac Amaru II marcó el inicio de la etapa emancipadora de la historia del Perú cuando este país se decide por su independencia luego de casi tres siglos de ser colonia española. Por su parte Condorcanqui es considerado un precursor de la independencia del Perú. Incluso, actualmente su nombre y figura es acogida ampliamente por los movimientos indígenas andinos así como por los movimientos de izquierda política.
En el Perú, el gobierno militarista del General Juan Velasco Alvarado acogió la efigie estilizada de Tupac Amaru como símbolo del Gobierno revolucionario de las Fuerzas Armadas que él encabezaba. En su honor renombró uno de los salones más suntuosos del Palacio de Gobierno.
En otro sentido, su nombre también fue acogido por la organización terrorista Movimiento Revolucionario Tupac Amaru, también conocido por sus siglas: MRTA, que operó en el Perú desde 1985 hasta 1997. El MRTA ocupó las carteleras de la prensa internacional, y así se dio a conocer mundialmente, por la crisis de la toma de rehenes en la embajada Japonesa durante el Gobierno del entonces Presidente del Perú Alberto Fujimori.
En el Mundo
Los Tupamaros también conocidos como Movimiento de Liberación Nacional o por sus siglas MLN, fue un grupo insurgente que estuvo activo entre los años de 1960 y 1970 en Uruguay, que se denominó como tal por la admiración y respeto que según sus militantes sentían por Túpac Amaru II y sus ideales.
En los Estados Unidos de Norteamérica el rapero Tupac Amaru Shakur se adjudicó ese nombre inspirado en la vida y obra de Túpac Amaru.
Textos de las poesías:
1ª Murmullos
Aquí comienza y perdura el olvido.
Este es el desván del tiempo
Su comprimido arcano.
Señales hay
y sombras de señales.
Revolviendo los siglos
se averiguan.
¿Los días del sufrir han retornado?
Aquí están asustados
los vestigios.
2ª La joven Inca
¿Dónde están aquellas gentes
cuyos vestigios están?
Esa quena dolorida
no deja de señalar:
con la cruz y con el rayo
los acabó el Ucumar.
Descifrar las señales.
Ir hacia atrás uniendo lo perdido.
Componer sus pedazos,
imaginar lo trunco.
Lo inexacto asimismo es memoria.
Ved estos restos.
Llevan cientos, quizás mil años
de sombrío recato.
Ayer corrieron sobre el río
y hoy el río corre, imperturbable,
sobre el más largo olvido.
Esto fue un rostro, una memoria,
voces.
Estos fósiles,
como la eternidad,
rebasan el futuro.
3ª El lagarto
El lagarto es una incrustación,
un sueño,
Una derivación de la piedra.
Un orden salvado del caos.
Una intrusa memoria.
4ª El cardón
Ha renunciado a pájaros y ramas
y un azote de espinas lo contorna.
Yergue en vigilia su perfil austero;
La rosa que le brota lo abochorna
5ª La llama en soledad
Carga la sal, la soledad, la prisa,
el yerto azul, el colla y su tristeza,
y al cabo del vellón, en su tibieza,
suplencias de mujer carga sumisa.
6ª Un gran Imperio
En estas tercas soledades hubo,
tallado en roca viva,
un gran imperio.
Amortajan grisuras su memoria.
La versión de sus tumbas,
los indicios,
su saqueado esplendor,
sus cicatrices,
palpitan en las valvas de la piedra.
El pasado se escucha todavía.
De los salmos de greda, coagulados,
nos hablan esos hombres
de tan lejos.
Son raíz de inmediatos alacranes,
el aire resquebraja sus regazos.
Allí están con sus plumas
y sus perros
en una pausa eterna.
Sus solemnes espectros
señorean
el crispado silencio.
¿Es fábula de arena
el relato asombroso
de aquel tiempo?
¿Qué sismos o que aludes alevosos
oprimieron las piedras,
las últimas resinas belicosas,
la final arrogancia?
De seres y de afanes
aquí yace un tesoro abandonado:
El oro del puñal, las esmeraldas,
los caprichos de plata, las cerámicas,
el ojo alado con su fruto seco,
el ardoroso ají, la sal, la quinua.
Aquello que vivó ahora reposa.
7 ª Pájaro y mañana
Entreverando pájaro y mañana,
desvelaron las horas.
Cosecharon el maíz y los tomates,
las papas y el amor,
la ciencia, el juego.
Tapiado suena aun el hervidero,
de idólatras y ritos,
de dioses y vislumbres,
de muros estragados
y templos abatidos.
Cenizas de lo humano,
palabras y arrebatos polvorientos.
De aquella gente queda
hollando antepasados, unos pocos,
con estrías de luna en las pupilas
y espuelas de rencor en sus silencios.
Por los altos senderos se reprimen
se ausentan con la llama y la vicuña,
hacen gradas sus ecos en las nubes.
Mansos en apariencia, solapados,
retornan a sus valles.
Con las duras ojotas,
hacia ninguna parte caminando,
cargan la antigüedad,
su agostada tardanza,
su apretado disgusto
entre los hombres.
8ª Toro de barro
Brama esta forma
que enlazados dedos,
sumisos, torsos,
párpados y astucia,
su protesta ancestral dieron al barro.
Sólida estampa
donde impera el cuerno
y el amplio pecho corazón rezuma.
Un relumbre de Incas
lo hace indómito
y una América tensa lo aleluya.
Toro de Pucará, toro sin lidia,
sin pájaro en el lomo ni pradera,
sin latido, sin rumia y sin gramilla,
sin vaca que lo muja y que lo huela.
En su alfarero América agoniza
cuatro siglos de olvidos y cadenas.
Y se rebela esa sangre de cóndores,
que hendía con su sombra
los ocres de la tierra.
Toro del duro amanecer indígena,
duro toro rebelde; sueña y sueña.
|
9ª Carnavalito
Con erques, charango y caja
los convoca el carnaval.
Llegan tensos y en parejas,
el delante, ella detrás.
Como midiendo el silencio
Arrastran la eternidad.
Llegan del monte o del tiempo,
Ella lumbre y el glacial.
Con erques, charango y caja
los convoca el carnaval.
De la ojota a la cabeza
chicha viene, chicha va,
él atrás, ella adelante
los despide el carnaval.
La noche está oscura y sola
se acabó el alborotear.
Con erques charango y caja
los convocó el carnaval.
Ya están tocando silencio
en dolida soledad,
los erques, charango y caja
hasta el otro carnaval.
10ª Memoria acurrucada
Memoria acurrucada.
Un hálito salvaje endurece el olfato.
El olor del olvido
escapa como un pájaro.
Poco queda en la urna,
polvo, huesos, lo vano.
Vacía de recuerdos,
embestida por larvas,
esta fue una cabeza.
Fabricó pensamientos,
sutilizó los quipus
y aventuró artificios sin cesar.
Oró por Pachamama,
tembló en el relámpago
y fue feliz a veces.
Desde el fondo del cántaro
recogida en su sombra,
muestra ahora los dientes.
Como una vuelta a la raíz materna
cupo en sus curvos límites.
Esa mueca dental la persevera.
Allí, secas en esa mordedura,
las palabras.
Las últimas acaso, sin sonido,
cuando su mente sorprendió la noche
de impronunciable niebla.
11ª Tarqueada
Trenzando está la piedra
su rosa más profunda.
El silencio es tan grande
que el futuro se escucha.
Fue tiempo de violencias.
Para evocarlo siempre
hay que entornar la vista.
El pueblo de rodillas,
la cruz, los arcabuces,
el oprobio y la ira.
El ahora y el antes se entrelazan
12ª El Túpac
Muerte, no oprimas tanto.
Consiente algún resquicio.
De rendijas remotas
alzo mi voz indócil.
Hay palabras con sombra:
sangre, cántaro, mártir.
Con lenguaje amarillo
nombro el maíz, el agua,
y esa luz de mi pueblo.
Tengo el tiempo
en el hueco de mis manos.
Antes que la semilla fuera
vieron el árbol mis arúspices.
Hoy la semilla canta…
Y eso apresuró mi error.
Cambiado el opresor
La afrenta continúa.
En vilo están las tinieblas.
Las lúbricas pupilas
de los buitres
tiemblan
ante el esplendor secreto
de las piedras.
13ª Canto a Micaela
Eran sus ojos peces de oro
y pájaros azules.
Yo fui el venado trémulo
que albergó su mirada.
Huyendo de holocaustos,
oh! Virgen elegida,
llorando mariposas
la rescaté aquel día.
Preparamos la estera
en esa tarde,
que jugaba
con los negros cabellos
de la noche.
No quise guerra entonces,
Que olvidara el imperio
su guerrero.
Y oculté la flecha envenenada
Y el manto
y el escudo entretejido.
14ª Sombras de pueblos
América, ese polvo de sombras de pueblos y de Césares.
luctuosa y extrañísima de terrible paciencia.
Yo, el osado, el increíble,
el duro, el urgidor del minucioso miedo,
miro en mi tierra la incesante injuria.
Envejecer no pude,
acaso recién amanecía cuando me fui sin irme.
Clavé mi lanza fatigada y última enredada en un grito.
Todavía mi voz sobreviviente su memoria de pérfido repite,
y el alacrán se alerta y tiembla la culebra.
A veces tengo dudas ¿esa frustrada empresa,
su cruel carnicería me condena?
Pero los áureos incas de la estirpe arrendaron mi insomnio.
Ahora que estoy lejos y muelle es el olvido, y la melancolía,
su cerrazón antigua, me arrebuja los ojos,
como si ajenos fueran, recuerdo los sucesos.
Aunque me duele aún la rajadura,
que divorció la ingle de mi instinto.
El pavor me buscaba, un pavor encubierto y a caballo.
En las minas de sombra acantilada, afrentados y verdes,
los míos escupían los pulmones
y la gula del oro redoblaba tributos.
La alternativa era caer pero ululando
y un zorrino de pólvora enardeció los túneles.
La eternidad cavaba veneros de amapolas
e hitos de aventados montículos de ausencia.
Las circunstancias fueron más fuertes que yo mismo
y trasudé en un quechua escarlata el desafío.
Unicornio salvaje,
con la lanza homicida devasté poblaciones.
Sangarará y Azángaro y Ayavirí y Lampa.
Tiahuanaco y Puno y Oruro y Cochabamba.
Pero llegó la noche con su memoria cruenta,
excitando arcabuces amartillados de odio.
15ª En cual de mis pedazos moriría
Repetí los errores necesarios del viejo Vitilpoco y Atahualpa.
Para mentarme quedo, recelosas, coplas,
erques y cajas se acordaron.
Sin suplicar clemencia amontoné el espanto a mi costado.
Me preocupaba entonces, desasosiego inútil,
¿ en cual de mis pedazos moriría?
Y se dio la señal… Distraído y severo
el aire transparente se atragantó de polvo.
Atascó mi raíz su rodrigón oculto,
me refregué erradizo entre yuyales,
asusté a salamancas y pájaros rastreros,
y uno a uno mis huesos sembraron su archipiélago.
Las inocentes bestias gemían aterradas
remolcando mi orgullo por las piedras y arenas. |
|

SOUND GROUP 2007 |
De fracaso en fracaso se va forjando la victoria |
 |