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Pérez Esquivel en el Vaticano: “San Romero de América nos llama a luchar por la Democracia y la justicia social”

Este domingo 14 de octubre el Papa Francisco proclamó Santo de la Iglesia Católica a Monseñor Oscar Arnulfo Romero, mártir latinoamericano asesinado por la Dictadura de El Salvador en 1980. Monseñor Romero y los otros Santos “han traducido con la vida la Palabra de hoy, sin tibieza, sin cálculos, con el ardor de arriesgar y de dejar. Que el Señor nos ayude a imitar su ejemplo”, resaltó el sumo pontiífice durante la ceremonia de canonización.

El Papa Francisco ha tenido un gesto enorme y necesario al jerarquizar la acción cristiana de Romero en defensa de la vida y la dignidad de los pueblos de América Latina. Se trata de un profeta que se comprometió con su pueblo y dió su vida para dar vida, no está muerto sino que nos marca caminos de lucha por la democracia y la justicia social. Asique desde hoy vamos a rezarle a San Romero para que apoye a todos los que luchan para defender la democracia, los derechos humanos y combaten el autoritarismo y las injusticias sociales dijo el Premio Nobel de la Paz argentino, Adolfo Pérez Esquivel, en la Plaza San Pedro al finalizar el acto de canonización, que incluyó a otras 6 figuras emblemáticas de la Iglesia Católica como el Papa Pablo VI, profundizador del Concilio Vaticano II.

Luego de encontrarse con el nuevo Nuncio nombrado en Argentina por el Papa Francisco, el Arzobispo Léon Kalenga Badikebele, Pérez Esquivel contó sobre su vínculo con Romero: “Lo conocí en el Seminario Mayor de San José de la Montaña, en El Salvador y lo ví transformarse en testigo y voz de un pueblo oprimido. El asesinato de este mártir santo en manos del Estado es un crimen de lesa humanidad que no prescribe, por eso El Salvador debe hacer avanzar el proceso penal para condenar a los autores materiales e intelectuales, y sus cómplices”, dijo el referente internacional de los derechos humanos.

A nombre de la Iglesia y pueblo de El Salvador”, escribió Monseñor Romero a Pérez Esquivel un mes antes de ser asesinado, le “expreso la más profunda gratitud… por compartir nuestra justa lucha para alcanzar el pleno goce de los sagrados derechos correspondientes a la dignidad humana”.

La celebración incluyó la santificación de otra figura latinoamericana, la hermana boliviana Nazaria March, fundadora de la Congregación de las Hermanas Misioneras Cruzadas de la Iglesia, y organizadora del primer sindicato obrero femenino en Bolivia con las mujeres de los mercados y comercios de Oruro. “Santa Nazaria es el primer Santo de Bolivia y es muy importante que sea una mujer, para fortalecer a las trabajadoras de nuestra tierra”, dijo el Nobel argentino que el mismo día publicó un artículo sobre el Papa Francisco en el diario italiano La Repubblica.

A través de su trabajo político y artístico, como pintor y escultor, Adolfo Pérez Esquivel mantuvo presente la memoria de Monseñor Romero en muchas de sus obras como en el mural “El Cristo del Poncho junto a los pueblos latinoamericanos”, que se encuentra en la Catedral de Riobamba, Ecuador. Para poder apreciar los detalles puede ingresar aquí.

San Romero de América camina junto a los pueblos de nuestro continente

Monseñor Romero caminando junto a Jesucristo en fragmento del “Via Crucis Latinoamericano” pintado por Adolfo Pérez Esquivel.

Los mártires son semillas de vida que siembran la esperanza y fortalecen los caminos de la fe. Ellos han fecundado el continente de la Tierra Fecunda – “Abya Yala”- por la fuerza de la palabra profética y el testimonio de vida de quienes tuvieron el coraje y la fe de caminar junto a la Iglesia Pueblo de Dios. Sus voces se alzaron en todo el continente y el mundo. Así fue en el país hermano de El Salvador, sometido a la violencia con más de 70 mil muertos, exiliados y perseguidos. De ese dolor surgió una voz que fue guía y esperanza, denunciando la violencia y reclamando el respeto a la vida y dignidad del pueblo sometido a la guerra civil y la dictadura militar.

Fue la voz de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, quien vive la conversión del corazón y abraza el camino de la Cruz como señala San Pablo: “para algunos es locura, para otros es vida y redención.”

Romero soportó muchas incomprensiones dentro de la misma iglesia, su voz, sus reclamos y denuncias no quisieron ser oídas en el Vaticano; hubo corrientes ideológicas y mala información sobre lo que ocurría en El Salvador. El simplismo conceptual y político redujo todo a la polarización Este-Oeste, entre el capitalismo y el comunismo, basado en la Doctrina de la Seguridad Nacional imperante. Se olvidaron de miles de hermanos y hermanas víctimas de la violencia. Romero trató que el Vaticano lo escuche y ayude, pero salió angustiado y regresó a su país con el dolor en el alma.

Algunos campesinos que lo conocieron recuerdan que seguían las homilías de Monseñor Romero, sentían necesidad de oír su palabra y cuando viajaban no necesitaban de la radio ya que todos los vecinos las tenían encendidas y podían seguir la palabra del obispo en el camino.

Monseñor sabía de las amenazas que era objeto, pero la fuerza del Evangelio y su compromiso con el pueblo eran parte de su propia vida; buscaba en la oración y en el silencio escuchar el silencio de Dios, que le decía a su corazón, a su mente y espíritu.

Cuentan que unos periodistas en marzo de 1980 decían que el obispo estaba en la raya, en el límite en la mira de los militares y él presintiendo les contestó: “Sí, he sido frecuentemente amenazado de muerte, pero debo decirles que como cristiano no creo en la muerte sin resurrección. Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño. Se lo digo sin ninguna jactancia, con la más grande humildad. Ojalá, sí, se convencieran de que perderán su tiempo. Un obispo morirá, pero la iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás”

Ese 23 de marzo en la Catedral, Monseñor Romero habló de un comité de ayuda humanitaria. Criticó “el Estado de Sitio Leer el resto de esta entrada »

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