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Nota en El País – “En defensa de Haddad: Brasil, un país feliz y soberano para todos”

Por José Graziano da Silva* y Adolfo Pérez Esquivel**

Hace solo unos meses denunciábamos, en este mismo diario, que el hambre que aún persiste en el mundo es un crimen. Un mundo que dispone de comida suficiente para alimentar a todos pero que desperdicia un tercio de lo que produce. Un mundo en el que sabemos de sobra cuáles son las causas profundas del hambre y conocemos las soluciones para combatirla.

Esas soluciones fueron parte del debate del Día Mundial de la Alimentación celebrado hace unos días en la FAO, en el que ambos estuvimos presentes. A pesar del aumento del hambre en el ámbito global —ya son más de 821 millones los hambrientos de todo el planeta— estamos convencidos de que erradicar el hambre para el año 2030 aún es posible. Y los dos recordamos la experiencia brasileña como modelo para ese éxito.

Con el programa Hambre Cero y las políticas sociales que siguieron, como Bolsa Familia, Brasil consiguió reducir el hambre del 10,6% de su población total (cerca de 19 millones de personas) a inicios de los 2000, a menos del 2,5% en el trienio 2008-2010, según las estadísticas de la FAO. Y todo en menos de 10 años.

Bajo el liderazgo del expresidente Lula, los pobres pasaron a ocupar un lugar prioritario en los presupuestos y se aseguró su derecho a comer tres veces al día. “Debemos superar el hambre, la pobreza y la exclusión social. Nuestra guerra no es para matar a nadie: es para salvar vidas”, afirmó en el discurso de toma de posesión. Repetimos lo que afirmamos en junio: la paz es una dinámica compleja y permanente de relaciones entre personas y pueblos en la que los alimentos ocupan un lugar fundamental. El de Lula era un Brasil con problemas que, sin embargo, mejoraba con instrumentos democráticos consolidados.

A pocos días de la segunda ronda de las elecciones, debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿qué futuro se escribirá para el país a partir del 1 de enero? Y para poder responderla, los electores deberán usar su capacidad para discernir cual de las opciones es la mejor en las urnas.

Esta votación enfrenta a dos candidatos con visiones del mundo diametralmente opuestas. Mientras uno asume el conservadurismo como doctrina —según apuntó uno de sus colaboradores más cercanos en un reciente artículo, llegó el fin del ideal progresista brasileño en el cual “las leyes deben ser creadas para hacer justicia y alcanzar la igualdad social siempre que sea posible y en todos los aspectos”—, el otro utiliza la promoción de la educación y el estímulo del empleo formal como sus mayores armas.

Pero en un momento en el que la deconstrucción del oponente suplanta la valorización de uno mismo, hablemos del candidato que mejor puede representar la continuación de un Brasil que funcionó para todos.

Fernando Haddad, profesor y economista, fue elegido uno de los mejores alcaldes del mundo cuando administró la mayor ciudad de Brasil, São Paulo y ministro de educación reconocido por multiplicar las universidades y las plazas para pobres para reducir la abismal brecha social. Él encarna los principios y reúne todos los requisitos para reconstruir la paz en Brasil.

En São Paulo, Haddad replicó desde el ámbito local la exitosa experiencia nacional del Hambre Cero con la aprobación de la ley municipal que vincula la compra de productos de agricultura familiar con el abastecimiento de alimentación escolar de la ciudad. Además, introdujo una gran innovación: los productos deberían ser de base agroecológica, dando prioridad así a la producción sostenible, sin químicos, y conforme a un mundo que hoy clama por el uso adecuado de unos recursos escasos.

Una acción simple e innovadora fue capaz no solo de promover el desarrollo económico en una zona tradicionalmente vulnerable de la ciudad (Parelheiros), sino también de fortalecer las escuelas paulistas con una alimentación de calidad y sostenible. En 2016, el proyecto fue premiado por Bloomberg Philanthropies tras considerar iniciativas de casi 3.000 ciudades de todo el mundo, y el Ayuntamiento recibió cinco millones de dólares para reforzar el proyecto.

Como gestor de la educación en Brasil durante siete años, Haddad masificó el acceso de los brasileños más pobres a la universidad con programas de crédito y apertura de nuevas plazas. Además, reforzó las escuelas de formación profesional técnica e implantó el salario base para profesores, una demanda de hacía décadas.

Los dos pilares principales de su programa, educación y empleo de calidad, son requisitos ampliamente reconocidos como esenciales para la paz y para el desarrollo del país. Haddad sabe que esos pilares no serán posibles sin una política de seguridad pública eficiente, basada en la prevención y en el refuerzo de las estrategias de inteligencia contra el crimen organizado. Con su integridad física protegida, los brasileños estarán en mejores condiciones de asegurar esos y otros derechos fundamentales.

El acceso a la educación y a un trabajo decente son vacunas para construir una generación libre de hambre y de pobreza y para volver a un Brasil democrático, con menos desigualdades, más justicia, más cohesión, más soberanía y más paz. Que los brasileños elijan con estas premisas en mente.

*José Graziano da Silva es exministro Especial de Seguridad Alimentaria y Lucha contra el Hambre de Brasil.

**Adolfo Pérez Esquivel es Premio Nobel de la Paz y miembro de la Alianza de la FAO por la Seguridad Alimentaria y la Paz.

Publicado en el diario El País de España el día 19 de octubre de 2018: link a la nota.

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