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Pérez Esquivel en la TV Pública

“La paz no es la ausencia del conflicto” expresó Pérez Esquivel. “Nadie puede dar lo que no tiene. Si yo no tengo la paz en mi, no la puedo compartir[...] Es cuando uno ve que cuando termina una guerra no se llega a la paz. El vencedor le pone sus códigos al vencido. [...] La paz se llega cuando hay una comprensión y cuando tenemos los mismos derechos en la diversidad. La gran riqueza de los pueblos se genera en la diversidad. Como fue la madre tierra, nunca nos dio monocultivos. Ahí ves la relación entre las personas y los pueblos. Ahí esta la paz, que queremos de la vida. Tenemos dos cosas para compartir: una es el pan que alimenta el cuerpo, el pan que alimenta el espíritu, y la otra es la libertad. Sin libertad no se puede amar. [...] Amar a nuestro pueblo, a nuestro prójimo, amar la vida, a la humanidad, a la madre naturaleza. No es ese amor fácil vacío.[...] Tenemos que hacer caminar la palabra, ¿pero hacia dónde camina la palabra? Con una palabra podemos amar, y también destruir”.

Adolfo Pérez Esquivel estuvo en el programa “Cada Noche” emitido por la TV Pública.  Dicho ciclo tiene la característica de ser conducido por distintas personalidades de los medios en cada una de sus ediciones. Esta vez le tocó ser entrevistado al Premio de La Paz en Argentina por Silvina Chediek . Los invitamos a compartir y escuchar sus palabras.

 

 

 

 

 

 

Beneficio a los represores: suprema vergüenza

El gobierno ha iniciado una campaña de desarmar la política de DDHH. Empezó con funcionarios que cuestionaban la cantidad de desaparecidos y muertos por la dictadura militar, afirmando que el número de desaparecidos era menor, es decir, hicieron que el problema sea poner en duda a los millones de argentinos que decimos que son 30 mil y no el plan sistemático regional de exterminio que afectó a todo el pueblo y a la humanidad. ¿Acaso alguien cuestiona que en los campos de concentración nazi murieron seis millones de judíos? ¿Quién cuestiona que el genocidio armenio cometido por las tropas turcas asesinó a un millón y medio de personas? Sólo los nazis, sólo el Estado turco.

Los desaparecidos son los ausentes siempre presentes. La desaparición es un delito de lesa humanidad que no deja de transcurrir hasta que no aparezcan las personas ausentes. ¿Quién explica a las madres y familiares víctimas de la represión que los genocidas reciban beneficios, cuando hasta la fecha ni siquiera hay arrepentimiento por los crímenes cometidos y no dan información alguna sobre el paradero de sus seres queridos?

La Corte Suprema ha justificado lo injustificable para beneficiar a los represores que cometieron crímenes de lesa humanidad. Por tres votos contra dos, equipararon los crímenes de lesa humanidad con delitos comunes para reducir sus penas. La paradoja es que para los detenidos por estos delitos comunes, no se otorgan los mismos beneficios. Y en paralelo se endurecen las leyes penales y de ejecución para que permanezcan más tiempo detenidos, sosteniendo el discurso de mayor seguridad. Se parte del supuesto de que los represores en libertad, no afectarían la seguridad. No olvidemos la desaparición de Jorge Julio López y las amenazas y hostigamientos a los testigos de los juicios. Leer el resto de esta entrada »

Los rostros de los soldados de Malvinas

La Argentina fue arrastrada a la guerra de las islas Malvinas por la última dictadura militar y es necesario reflexionar serenamente sobre su intencionalidad.
La dictadura se enfrentó con crecientes protestas sociales y serias dificultades cuando la represión ya no era suficiente para contenerlas. En su estrategia para consolidar el poder interno buscó una posible guerra con Chile, país bajo la dictadura del general Pinochet. Intento que fue frenado por el papa Juan Pablo II y la intervención del cardenal Samoré, evitando una guerra entre pueblos hermanos.
La dictadura estaba en dificultades por la fuerte campaña internacional que denunciaba las graves violaciones de los derechos humanos, las torturas y la desaparición de personas. La resistencia interna del pueblo estaba creciendo y se lanzó la marcha del 30 de marzo de 1982, que fue reprimida violentamente, provocando cientos de heridos y presos en las cárceles y comisarías de la dictadura militar
El 2 de abril de 1982, las Fuerzas Armadas argentinas toman las islas Malvinas provocando la guerra con Gran Bretaña, que contaba con el apoyo de la OTAN y Chile. Utilizaron un reclamo legítimo del pueblo argentino sobre la soberanía de las islas pero no pensaban en la liberación del colonialismo británico. Manipularon ese sentimiento y clamor, que nace de las raíces de la patria, para fortalecer el frente político interno. Las consecuencias de la derrota de las fuerzas armadas argentinas son conocidas y no es mi intención en esta nota referirme a esa situación.
Las fuerzas militares que decían defender la patria terminaron estaqueando, enterrando hasta el cuello a los soldados, y obligando a sumergirse en aguas heladas a los que salían a buscar alimentos o carneaban una oveja para comer. Violaron los derechos básicos de los soldados, crímenes que deben ser investigados por la Justicia, que desde hace diez años,, tiene bloqueada la causa en Río Grande, Tierra del Fuego, sin que nadie haya sido citado a indagatoria.
Desde la Comisión Provincial por la Memoria fuimos a denunciar la actual militarización británica del Atlántico sur, y a rendir homenaje y orar por los soldados argentinos muertos en la guerra, que están sepultados en el cementerio de Darwin. También presentamos respeto y oramos en el cementerio de San Carlos, donde se encuentran los soldados británicos muertos en la guerra. Al igual que en 1982, cuando hice una campaña internacional contra la guerra y para salvar vidas junto a la premio Nobel de la Paz irlandesa Mairead Maguire, fuimos a decir “no a la guerra, no en nuestro nombre”.
Fuimos a apoyar el convenio entre el gobierno argentino y el británico con la Cruz Roja Internacional para identificar a los 123 soldados argentinos cuyas tumbas no han sido identificadas y llevan grabado en mármol negro: “Soldado argentino, sólo conocido por Dios”. Es un derecho de los familiares saber dónde están sus hijos para honrarlos y hacer el duelo. Por eso dos tercios de las familias dieron su consentimiento dando su ADN para que se pueda identificar a su ser querido.
Los héroes de las Malvinas no son desconocidos, que sólo Dios conoce. Lamentablemente hay grupos, incluso de familiares, que se niegan a que se identifique a los soldados muertos en la guerra de Malvinas. Pretenden justificar lo injustificable, decir que la guerra no fue desatada por la dictadura que oprimía al pueblo, que provocó miles de muertos, desaparecidos, niños secuestrados y desaparecidos. Por lo que el pueblo, aún hoy, sigue buscando verdad, justicia y reparación por el daño hecho.
Honremos a nuestros jóvenes que dieron sus vidas en defensa del derecho del pueblo argentino a la soberanía sobre las islas arrebatadas por los británicos, y que lo hicieron aun a costa del sufrimiento que la dictadura militar les infligía, por no estar preparada para un conflicto como el que ella misma inició, sino para reprimir a su propio pueblo.

*Presidente de la Comisión Provincial por la Memoria.

Publicado en la edición impresa del Diario Perfil. Disponible en línea en: http://www.perfil.com/columnistas/los-rostros-de-los-soldados-de-malvinas.phtml

Los desaparecidos en el mar Mediterráneo

Las pateras navegan sin rumbo en el Mediterráneo sin horizontes ciertos, a bordo cientos de personas tienen un objetivo común: huir de la guerra, del hambre, la miseria, de las bombas y atentados que los acosan día y noche sin piedad. El miedo, la angustia los lleva a lanzarse al mar en un viaje riesgoso con destino incierto, la brújula señala el rumbo de la tragedia humana, el dolor y sufrimiento de horizontes inalcanzables.

Europa y potencias como EEUU, Canadá y Australia no saben, no quieren, enfrentarse al drama que ellos mismos desataron. No reconocen que fueron los artífices de las guerras en el Oriente Medio, que son los responsables de armar grupos de combatientes insurgentes para utilizarlos en su propio interés económico, estratégico y político en la región.

Los grandes centros del poder, con el complejo industrial militar, buscan afirmar su hegemonía mundial y utilizan la violencia y todos los medios posibles, como las drogas, para financiar las guerras y manipular la vida de los pueblos.

Las invasiones contra Irak, Afganistan, Siria y Libia, la interminable colonización de Israel a Palestina, vienen provocando los mal llamados “daños colaterales”, mientras las potencias responsables ignoran y justifican lo injustificable.

Al iniciar la década los pueblos árabes se pusieron de pie, asumieron la resistencia, y reclamaron sus derechos a la democracia, autodeterminación y soberanía. Fueron momentos de esperanza para la humanidad.

Ese caminar fue frustrado por el intervencionismo militar de las grandes potencias, que buscaron apropiarse de los bienes y recursos de los pueblos, y derrumbaron sus esperanzas y esfuerzos convirtiendo la “primavera” en un “infierno árabe”, donde el horror no tiene límites y lleva a miles de personas a huir de sus tierras dejando sus pertenencias y afectos.

Más de 10 mil personas desaparecieron en el Mar Mediterráneo, sólo queda el olor a muerte y la desesperación de seres humanos, de rostros y miradas que no alcanzarán a ver horizontes de vida. Hay miles de voces silenciadas en las profundidades del mar, donde no se dejan huellas.

Mientras, los gobiernos responsables de las guerras buscan justificar para discriminar, expulsar, levantar muros y encerrar a los refugiados en islas como si fueran leprosos y seres indeseables. Cierran sus puertas y sus oídos a quienes piden Misericordia.

Entre esas voces se siente la fuerza y testimonio del Papa Francisco junto a los más pobres y necesitados. Como sus palabras van acompañadas de hechos, viajó a la Isla de Lampedusa, Italia, y en Lesbos, Grecia, para acompañar a los refugiados. Así como también los recibió en el Vaticano y les dió cobijo.

Argentina está aceptando 3000 refugiados para colaborar en estas tareas solidarias necesarias. Pero si no hay voluntad política y decisión de las grandes potencias de encontrar alternativas para poner fin a las guerras en la región, las muertes y sufrimiento de los pueblos aumentarán generando una escalada de guerras con consecuencias imprevisibles. El mar Mediterráneo se está transformado en la fosa común de miles de refugiados y en el mar no se dejan huellas.

Es urgente que la comunidad internacional, la ONU, el Parlamento Europeo, y países como EEUU, Rusia y China actúen con mirada humanitaria para detener la violencia en la región.

La Paz no es pasividad ni ausencia del conflicto, es una dinámica permanente de relaciones entre las personas y los pueblos. Es urgente que la comunidad internacional deje de ser espectadora y se asuma como protagonista, que su voz se escuche y reclame terminar con las guerras e invasiones que afectan al Medio Oriente, para terminar con este drama que nos duele a todos y todas.
Adolfo Pérez Esquivel

Publicado en Il Manifesto: http://ilmanifesto.info/i-desaparecidos-nel-mediterraneo/

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