Los pueblos de Israel y Palestina necesitan vivir en paz

Buenos Aires, 1 de diciembre del 2012

El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General de la ONU aprobó la resolución que determina la partición de Palestina y la creación de dos Estados, uno judío y el otro árabe, decisión tomada a espaldas de los pueblos y por resolución del colonialismo británico y las grandes potencias. Esta partición generó hasta el día de hoy un río de sangre, enfrentamientos y dolores entre dos pueblos, que duele a la humanidad.

Varias generaciones nacieron bajo el signo de la guerra y el odio, dominados por el miedo, la inseguridad  y zozobra de sus vidas, buscando justificaciones plagadas de contradicciones.

La realidad  muestra rostros que los políticos y señores de la guerra no quieren ver: los miles de muertos,  de heridos, la destrucción, los miedos a los misiles y los bombardeos, las agresiones, las torturas, cárceles, y la discriminación de quienes levantaron el muro del odio que divide Jerusalén, lugar sagrado de las religiones que proclaman el Amor y la Paz.

Surge el rostro de la violencia cotidiana e incontrolable, donde Israel continúa con su terrorismo de Estado, imponiendo su voluntad por las armas, expulsando a los palestinos de sus territorios y acusándolos de terroristas. Ha suspendido la conciencia bordeando la vida y victimizando a la Verdad.

Los hechos concretos  en el tiempo están a la vista, después de 65 años, el conflicto se ha agudizado, la violencia y el poder de las armas sólo han logrado ensangrentar la tierra amada que gime de dolor por sus hijos e hijas,  pero no han logrado alcanzar la Paz.

El Estado de Israel no está sólo, cuenta con la complicidad y el apoyo militar y político de  los Estados Unidos y parte de la Unión Europea para  desconocer  las resoluciones de la ONU, que muestra gran debilidad y está sujeta a fuertes presiones.

A pesar de todo, recientemente la Asamblea General a dado un paso muy importante al reconocer Al Estado Palestino por 138 votos, con status de Estado Observador,  sin derecho de voto.

¿Hasta cuando continuarán matándose unos a otros? ¿Hasta cuando continuarán justificando las “guerras santas”, las “guerras Justas”, las guerras de  “baja intensidad”, y los terrorismos de diversos signos?

No creo en las guerras santas, ni en las guerras justas, todas las guerras llevan a la destrucción y muerte, ninguna guerra es justa, no es la voluntad de Dios. Creo en las “causas justas”, en la resistencia de los pueblos frente a la opresión.

Duele la tragedia interminable que viven unos y otros, dónde el dolor ha penetrado en las mentes y corazones, y  han vivido tantas tragedias que ya no hay  lugar para las lágrimas.

Mientras escribo esta nota, recibo un llamado telefónico de Miguel Angel Estrella, “el querido Chango”, pianista argentino luchador por la vida y dignidad de los pueblos, quien acompaña solidariamente a los pueblos de Israel y Palestina buscando caminos de encuentro; me   habla del escritor judío Stefan Hessel de 95 años, a quien un periodista le pregunta:

¿Por qué usted, siendo judío, tiene la ciudadanía palestina?-

Su respuesta fue: “defiendo a Palestina, por amor a Israel”.  Los sabios y los simples tienen capacidad de abrazar lo incomprendido y  superar los muros de la intolerancia, odio y muerte que  impide ver con claridad. Tienen la paciencia y la sabiduría de esperar que las aguas turbulentas  calmen y poder ver el lecho del río

La Paz se alcanza cuando se  equilibra  el derecho de unos y otros y se restablece el respeto y la dignidad

Ningún pueblo puede vivir en paz si no la comparte con otros pueblos, Hessel señala el camino; la necesidad de derribar los muros de la intolerancia y saber escuchar: “Defiendo a Palestina , por amor a Israel”.

Los judíos y los palestinos debieran desaprender lo aprendido, para volver a aprender a construir juntos un nuevo amanecer de esperanza, lograr “desarmar las conciencias armadas”. Son pueblos con historia milenaria de luchas y sufrimientos, de alegría y sabiduría, pero algunos sectores pareciera que han renunciado a la memoria de sus ancestros, a su caminar como pueblos y se han sumergido en la profundidad del dolor y el odio que los enceguece sin dejarles ver la luz.

La aceleración del tiempo nos enfrenta con la impermanencia,  lo fugaz de la vida y de la muerte,  donde todo pasa por pequeño que sea, en nuestra vida y en el universo. No pasamos en el tiempo, el tiempo pasa en nosotros. Y nos deja ver el rostro de lo finito de toda existencia.

Cabe preguntarse: ¿qué vida le están dejando y construyendo a las nuevas generaciones de judíos y palestinos? Lo que siembren recogeran. El pueblo palestino siembra la semilla de la libertad. 

El proverbio dice: “No ocultes tu sombra en la oscuridad, sólo está donde hay luz”

Adolfo Pérez Esquivel

Premio Nobel de la Paz

Sígueme en Twitter

Sígueme en Facebook