Discurso de Pérez Esquivel en la Universidad Católica de Córdoba

Córdoba, 3 de agosto del 2012

Agradezco a la Universidad Católica de Córdoba el honor de recibir la distinción del Doctorado Honoris Causa  de esta Casa de Altos Estudios. Una vez más debo señalar que lo asumo en nombre de quienes compartimos el mismo caminar en el continente latinoamericano, pueblos originarios, campesinos, religiosos, religiosas y sectores sociales, que trabajan y se comprometen por construir un mundo más justo y fraterno.

En todos los tiempos a través de la vida e historia de los pueblos, las comunidades en su diversidad  cultural buscan alcanzar la Paz, no como la ausencia del conflicto sino en su dinámica permanente de transformación social, cultural, política y espiritual. Sin embargo el mundo está sujeto a conflictos permanentes, guerras, intolerancia, hambre, pobreza y discriminación.

Los gobiernos hablan de Paz y firman tratados, pactos y protocolos  pero en la práctica no los cumplen y las grandes potencias en nombre de esa misma Paz, de la democracia y el derecho, provocan guerras e invasiones. La humanidad lo está viviendo. Basta tener presente  la  guerra en Irak, Afghanistán, Libia, Siria, África, China y Colombia, el conflicto de Medio Oriente entre Israel y Palestina que lleva más de 6 décadas y las “guerras de baja intensidad”. Para los poderosos, la guerra es un gran negocio y la paz está ausente.

América Latina en la décadas del 60 y 70 sufrió dictaduras militares con graves consecuencias para la vida de los pueblos que aún persisten en el tiempo.

Thomás Merton señala que ningún ejército es garante de la Paz, están estructurados para ejercer la violencia y derrotar a quienes consideran enemigos.

Poco se habla de las guerras silenciosas y de baja intensidad, de los genocidios cotidianos, del hambre y la pobreza  y concentración del poder económico y de quienes manejan  la economía mundial y provocan las crisis, incluso en los llamados países desarrollados  aplicando la misma receta neoliberal. Algunos dicen que hay que humanizar el capitalismo, cosa que no creo posible porque nació sin corazón.

Muchas veces se habla de los pobres, pero pocas veces nos preguntamos porque hay pobres, porque deben sufrir y soportar  el terrorismo económico, un sistema perverso de sometimiento a los pueblos.

Hoy la humanidad debe enfrentar  desafíos que supera en muchos aspectos lo conocido hasta nuestra época, la ciencia y la técnica han generado nuevos caminos y debemos estar atentos. Simplemente quiero señalar algunos de estos emergentes que nos preocupan.

La tecnología  ha llevado a la humanidad a la aceleración del tiempo que ha alterado el ritmo natural y provocado en el ser humano y nuestras sociedades cambios profundos e irreversibles, como  los ritmos  asimétricos que viven  pueblos  llamados sub-desarrollados  y que no podrán alcanzar a quienes disponen del conocimiento tecnológico y científico.

El tiempo de la técnica es diferente del tiempo cósmico, así como del tiempo humano. Es más, la tecnocronía no sólo transforma el tiempo cósmico, sino también la temporalidad humana y por ello la técnica tiene el formidable poder de modificar además,  de la naturaleza humana, la naturaleza a secas. Así lo señala R. Panikkar. En todo caso es un hecho que el hombre sólo, sin la ayuda de la técnica, no sigue a la máquina sino que es engullido por ella. Por otra parte debemos tener conciencia que la tecnología llegó para quedarse y por lo tanto es necesario desarrollar la capacidad del equilibrio y no de la dependencia.

Hoy el mundo tiene condiciones tecnológicas y científicas para superar el hambre, basta leer el informe de la FAO donde afirma que por día mueren en el mundo más de 35 mil niños  de hambre. Un genocidio económico del cual no se habla y que pasa a ser parte de los olvidos intencionados, en un mundo que está en condiciones de superar ese terrible flagelo que soporta la humanidad.

Recuerdo al médico brasileño Josué de Castro quien fuera director de la FAO, quien en la década del 60 publica una obra que continúa vigente, “La Geografía del Hambre” señala la grave situación de desigualdad entre los pueblos, de las guerras silenciosas que afectan a gran parte de la humanidad. Josué dice que: “vivimos hoy dos mundos, divididos en dos grupos humanos. El grupo de los que no comen, representado por las dos terceras partes de la humanidad y el grupo de los habitantes de los países ricos, que no duermen por miedo de las revueltas de los que no comen”.

En diversas oportunidades me he encontrado con el Dr.  Norman Burlog, hoy fallecido, quien recibiera el Premio Nobel de la Paz en 1970 por la llamada “Revolución Verde”. Él creía que su trabajo sería comprendido y aplicado para superar el hambre en el mundo, tenía claro la necesidad de encontrar nuevos métodos y técnicas de producción de alimentos; sin embargo se utilizaron los monocultivos y la tecnología de alto costo e impacto ambiental, como los agro tóxicos, para alcanzar los rindes de producción que hoy se están viviendo incluso en nuestro país. En nombre del desarrollo se expanden las fronteras de los monocultivos que van devastando la biodiversidad y dañando la vida de los pueblos y a la Madre Tierra, Nuestra Pachamama, que celebramos recientemente.

Henry Truman en el año 1946 es quien plantea los conceptos de desarrollo y sub-desarrollo para determinar qué países son desarrollados porque disponen del conocimiento científico- tecnológico y de crecimiento del PBI; y cuales sub-desarrollados, países dependientes, que carecen de conocimiento y crecimiento económico. Este concepto economicista  marca la vida de los pueblos hasta el presente.

Con el Dr. Burlog hemos conversado y discutido sobre la producción, el desarrollo y la soberanía alimentaría y el impacto de esas políticas sobre la situación de los  pequeños y medianos productores rurales, y las consecuencias de las políticas aplicadas por los gobiernos y empresas sobre  las comunidades y pueblos que no disponen de los recursos económicos y técnicos para superar las asimetrías y desigualdades, pero que deben sufrir los impactos ambientales y económico, como los monocultivos y la megaminería.

Lo más peligrosos en esta situación es el monocultivo de las mentes al imponer modelos de desarrollo que dañan la vida de los pueblos.

Tengamos claro que esas políticas no pueden ser aplicadas sin la aprobación y complicidad de los gobiernos, tanto nacional como provinciales, que apuntan a políticas de coyuntura, a lo mediático y no a los cambios estructurales que los pueblos necesitan para la vida y desarrollo.

Vandana Shiva investigadora de la India, viene trabajando y denunciando las causas y efectos de la producción agrícola y las políticas y consecuencias de los grandes intereses económicos. Es importante conocer sus trabajos y algunas de sus obras fundamentales como son: “Bio-piratería“, “La cosecha robada”, “La democracia de la Tierra,” entre otras. En ellas expone la grave situación de los campesinos por la apropiación de sus saberes y experiencias sobre las semillas que se fueron transmitiendo de generación en generación y que hoy, empresas trasnacionales se las han apropiado e imponen  los cultivos transgénicos, los agro tóxicos y los agro-combustibles, son monopolios económicos dominantes que llevan al sometimiento y destrucción de las culturas originarias, pequeños y medianos productores agrícolas y cuando reclaman sus derechos en protestas sociales son reprimidas y encima les aplican la ley antiterrorista, violando el gobierno el derecho de los pueblos.

Es necesario cambiar los ejes de nuestros análisis,  como lo señala F. Kapra: “Los nuevos conceptos de la física  han ocasionado un profundo cambio en nuestra visión del mundo, determinando el paso de una concepción mecanicista newtoniana, a una holística y ecológica y buscar los valores y ética en nuestras sociedades, universidades, escuelas, y en promover la participación social y en nuestras vidas y proteger a la Madre Tierra”.

Es prioridad de los pueblos el preservar los recursos naturales, el agua y la biodiversidad hoy en peligro por la devastación y voracidad de aquellos que privilegian el capital financiero, sobre la vida de los pueblos; olvidando que precio y valor no son lo mismo.

Es la deshumanización que pierde el rastro y conciencia de la humanidad. El problema de los avances tecnológicos está lleno de luces y sombras, por un lado los avances de la ciencia que ha prolongado la vida de los seres humanos, eliminado las distancias entre los pueblos, eleva la vida hasta un grado insospechable hasta hace poco; y por otro debemos tener conciencia que la máquina ya no se adapta al hombre, sino que es éste quien ahora debe adaptarse al ritmo de la máquina. Lo que debe tenerse presente es la aceleración, la vida del ser humano y la técnica nos ha llevado a preguntarnos hacia dónde vamos y para qué.

Quiero plantear, aunque brevemente,  qué entendemos por derechos humanos. Si bien se ha impuesto colectivamente la carta de Declaración Universal de las Naciones Unidas y está en las bases y valores de las religiones, es fundamental clarificar desde donde se debe hacer un abordaje correcto para no caer en el acotamiento y cansancio de las políticas de los DDHH, como aquellos que pretenden que todo comienza y termina desde el 76 al 83, en nuestro país.

Los derechos humanos deben ser integrales y hacen a la vida misma de las personas y los pueblos. Hoy son las comunidades y pueblos que sufren la falta de garantías para desarrollarse plenamente en una democracia, por lo tanto DDHH y democracia son valores indivisibles.

Por otra parte no podemos desconocer que el reclamo permanente de los organismos de DDHH hizo posible superar las leyes de impunidad jurídica. Se ha avanzado en políticas públicas y abrir los espacios para la acción judicial de los crímenes de lesa humanidad que afectó la vida de nuestro pueblo durante la dictadura militar.

La democracia se construye en el hacer cotidiano, en la participación social, cultural y política, por lo tanto debemos comprender los derechos humanos individuales y de los pueblos desde su integridad, fortalecer y restablecer el equilibrio entre el ser humano y la Madre Tierra, preservar la creación y su evolución.

Tehilard de Chardin, sacerdote y científico que buscaba los caminos de comprensión de la vida y desde la fe y el compromiso como científico, señala que el universo  esta en un proceso de evolución y síntesis  convergente y ascendente en la creación y su evolución, y es necesario comprender desde su integridad, la  biogénesis, la antropogénesis y la cosmogénesis, cada persona, sociedad y comunidad es parte de un todo.

Theilard tuvo serias dificultades, incluso dentro de la estructura eclesial de su época, pero en el tiempo se van abriendo espacios a la comprensión y cambio de valores.

Es necesario buscar caminos alternativos hacia la construcción de un “Nuevo Contrato Social” para la humanidad. En caso contrario los grandes intereses económicos continuarán destruyendo la casa común, no tenemos otra, ésta es nuestra casa, la única posible y debemos compartir lo que Dios nos dio a los seres humanos.

Algunas posibilidades y pistas para encontrar caminos alternativos, la Academia de Ciencias del ambiente de Venecia, Italia, a lanzado la campaña para constituir el Tribunal Penal Internacional sobre los crímenes al ambiente. La humanidad  viene soportando la  devastación y contaminación del ambiente y esta propuesta busca una reforma en el “Estatuto de Roma” para incluirlos como crímenes de lesa humanidad contra la Madre Naturaleza, por la degradación que provocan empresas  con total impunidad y complicidad de muchos gobiernos.

Si vemos el tiempo recorrido en 20 años desde la Cumbre de Río de 1992, hasta el reciente Río + 20, tenemos que señalar que las posibilidades de avanzar obtenidas fueron inversas  a lo anunciado y que continúa profundizándose la destrucción de los bosques, la biodiversidad y alcanzado en muchos países índices de contaminación y destrucción altísimos de los recursos naturales, como el agua.

Entre los desafíos para enfrentar las políticas y mecanismos económicos que profundizan el sistema de explotación, se requiere de decisiones políticas estatales y de educación para profundizar los conceptos de desarrollo y no confundirlo con explotación. En la llamada globalización pareciera que no hay salida a la situación actual y que el mundo se dirige hacia la autodestrucción de la casa común.

Comprender que somos parte y no  dueños de la Madre Tierra,  que una gota de agua es todo el océano y todo el océano está en esa gota de agua, significa cambiar la estructura del pensamiento cartesiano y comprender el pensamiento holístico  que nos permitirá recuperar el sentido de pertenencia, identidad y valores, es decir el equilibrio de la creación.

Son muchos los desafíos que enfrentamos en nuestro país y el mundo y debemos buscar en nuestro interior y nuestro espíritu  poner en práctica  el amor en acción. Hacer caminar la palabra del pensamiento crítico y valores, de la espiritualidad que nos permita generar y construir un “nuevo contrato social” y avanzar  para proteger la creación y no caer en el derrotismo, en que no hay salida a  la imposición de mecanismos de dominación que hoy agobian y sufre las dos terceras partes de la humanidad. Las peor de las derrotas es la resignación.

Es necesario fortalecer la esperanza en que estos cambios son posibles. Pero no como paliativos que calman el dolor para que nada cambie, es decir, en que es posible asumir los desafíos de la educación como práctica de la libertad, de la formación en conciencia crítica y valores que puedan generar esos caminos de esperanza en un nuevo amanecer para la humanidad.

Adolfo Pérez Esquivel
Premio Nobel de la Paz

Via Crucis Latinoamericano

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